Autoconciencia, autocuidado, mutualidad y novedad: cuatro pilares para relacionarnos

Es curioso lo común que es hacer y actuar sin pensar en los motivos, en las razones o sin detenernos a considerar qué hay debajo de lo que se supone que hagamos.

En cuanto a lo social, es normal que tengamos diversos tipos de vínculos porque los humanos seguimos siendo seres sociales y no podemos hacer eso a un lado. Lo interesante es que si bien necesitamos relacionarnos, por la complejidad de la psique humana y sus diversos matices tenemos la capacidad de elegir y diseñar cómo relacionarnos en lo individual, colectivo, familiar, en amistades, relaciones laborales, de cooperación, de colaboración y otras tantas variedades.

Después de un dedicado análisis sobre este punto, he definido cuatro pilares que considero (personalmente) esenciales para la vinculación y que por supuesto para otras personas pueden ser opcionales, no necesarios u otras categorías: autoconciencia, autocuidado, mutualidad y novedad.

¿Qué con la autoconciencia?

Ser autoconcientes implica que nos auto-observamos y nos damos cuenta de lo que hacemos, no hacemos y eso nos permite reflexionar acerca de nosotrxs mismxs y rediseñar nuestras acciones, actitudes, hábitos, maneras de comunicarnos, cómo nos alimentamos y demás.

Cuando somos autoconcientes nos damos cuenta de las decisiones que hacemos y entonces nos hacemos responsables, notamos lo que hacemos bien y dependemos menos de los elogios externos, nos percatamos cuando estamos molestando a otras personas y tratamos de facilitar la convivencia mutua, nos damos cuenta de que ya nos hemos excedido de comida y decidimos que pararemos… Dejamos en general de depender de que otras personas nos digan todo porque no nos damos cuenta.

¿Y cómo construye esto a los vínculos? Pues básicamente las demás personas saben que pueden confiar en nosotrxs y que seremos personas prudentes en muchos términos sin que nos lo tengan que estar diciendo. La gente está cómoda porque no nos tienen que recordar que hay una junta más tarde, saben que vamos a llevar los boletos para el viaje y saben que si hacemos un compromiso, aún cuando podamos fallar, sí tenemos presente lo que hemos dicho y en lo que hemos quedado.

¿Qué con el autocuidado?

“Cuando no nos cuidamos, nos descuidamos.” Cuidarnos es procurarnos bienestar de manera directa sin que necesariamente dependamos de muchos factores externos.

Es importante comprender la diferencia entre el disfrute y la necesidad en este sentido. En la primera perspectiva podemos disfrutar de la compañía de otras personas, mientras que en la segunda si no tenemos cerca a otras personas no somos capaces de procurarnos bienestar. Lo mismo pasa con muchas otras cosas, más allá de personas.

El autocuidado y su versión integral recae entonces en que tengamos capacidad de mantener nuestro bienestar en lo físico (salud e imagen), intelectual (aprendizaje y pensamientos), social, espiritual y emocional. radica en tener buenos hábitos en estas dimensiones, en poder mejorarlas si de acuerdo a nuestro progreso en auto-observación notamos que hay oportunidad (y deseo) de transformar el estado inicial o actual en algo más.

¿Cómo construye esto a los vínculos? Cuando conocemos personas que percibimos como con un buen nivel de autocuidado en general nos sentimos con mayor comodidad porque indirectamente nos comunican que están bien y que no vamos a tenerles que estar ayudando todo el tiempo, incluso tal vez podrían ayudarnos a nosotrxs (cuidado con no ser sanguijuelillas entonces). Es un poco como salir a cenar con amistades y tener la confianza de que van a poder pagar su parte de la cuenta aunque en alguna ocasión queramos invitarles.

Adicionalmente el autocuidado evidencia una conciencia de automejora y evolución personal donde si alguien tenía un nivel de bienestar inicial, es probable que quiera desarrollarse más, aprender cosas nuevas, adquirir nuevos hábitos benéficos y librarse de lo que no sume. El autocuidado comunica interés en el progreso personal.

Hay personas que creen que el autocuidado es poder cubrir sus necesidades básicas, pagar sus cuentas, arreglarse y hacer ejercicio. Aunque esas cosas son parte del autocuidado, también varias de las personas que tienen ese concepto del autocuidado pueden ser dependientes de otras cosas o personas para procurarse nuevos aprendizajes, poder gestionar sus retos emocionales, relajarse en momentos de agobio… lo que entra en parte del intercambio interpersonal, donde aparece la mutualidad.

¿Qué es eso de la mutualidad y por qué es importante?

Los dos conceptos previos (autoconciencia y autocuidado) son bastante útiles a nivel individual y aunque no conviviéramos con más personas nos ayudarían a mantenernos en bienestar y con motivación desde la autosuficiencia. Pero nos gusta y nos viene bien interactuar y convivir con otras personas.

La mutualidad es un concepto donde esencialmente todas las partes ganan a partes iguales aún cuando no sea en la misma dimensión. Algunos ejemplos: Una vez invita una persona una cena y la siguiente la otra persona le prepara algo especial en su casa. Una persona escucha alguna historia sobre un reto personal y la otra se alegra cuando la primera ha tenido un logro.

Sí, suena a reciprocidad, excepto porque el concepto de reciprocidad tiene una connotación transaccional donde se hace un intercambio de beneficios para mantener un equilibrio. La mutualidad se aborda desde un sentido de balance (que no es lo mismo que equilibrio) y de conciencia sobre lo que es importante para la otra parte aunque no sea importante para nosotrxs mismos. La mutualidad radica en un desapego de lo individual y “mis necesidades” para pensar en el conjunto y “nuestras necesidades”.

Es difícil entonces lograr vínculos de mutualidad si las partes tienen un desarrollo limitado de la autoconciencia y si el autocuidado no es integral porque se dificulta la autoregulación de actitudes poco favorables por falta de conciencia de ello, del propio ser y de los demás, es poco factible que se forme una reflexión sobre cómo mejorar la situación en cuestión, y empeora si el autocuidado se entiende como procurarse bienestar con base en elementos externos o mediante la explotación personal y/o emocional de otras personas. En ese caso no hay mutualidad genuina, en el mejor de los casos puede darse reciprocidad o negociación.

Si hasta este punto no es evidente porqué es importante la mutualidad, es lo que permite un intercambio orgánico y balanceado entre personas, donde existen beneficios compartidos de los que no dependemos porque de entrada nuestro bienestar individual es provisto desde el autocuidado.

¿Y la novedad? ¿Esa qué papel tiene en todo esto?

Hay personas que constantemente están construyendo lo siguiente que quieren vivir y hay quienes solo están viviendo el resto de su vida. Es algo que no depende de la edad, recursos o cualquier otra condición del mundo material. Es una actitud.

Desde la perspectiva del pensamiento evolutivo, todo lo que no evoluciona, muere. ¿Y cómo se evoluciona? Al intentar cosas nuevas.

En un sentido biológico, nuevos retos en el ambiente hacen que las especies desarrollen mecanismos de adaptación nuevos y de todos esos mecanismos nuevos prevalecen los que mejor funcionan a los retos ambientales. Una vez que se ha instalado la nueva adaptación en la especie en cuestión entonces hay una versión adaptada y otra que se quedó en la versión anterior. Es un tema de actualización.

Claro que probar cosas nuevas puede dar temor o incomodidad porque salirnos de lo que dominamos nos implica cierta vulnerabilidad, pero también nos permite incluir nuevas habilidades, darnos cuenta de otras que no habíamos notado y nos fortalece. Si además probar cosas nuevas se hace en conjunto, los vínculos se fortalecen por la superación mutua de retos.

A este respecto hay muchos autoengaños sobre lo que es probar cosas nuevas y entonces vamos por la vida viviendo rutinas aunque en escenarios diferentes o con personas diferentes creyendo que eso es novedad. Malas noticias, cambiarse de trabajo a un trabajo que es exactamente lo mismo pero en otro espacio no es probar algo nuevo; tener el mismo tipo de relaciones aunque sea con un centenar de personas diferentes no es relacionarse de manera diferente; hablar de los mismos temas aunque se trate de episodios diferentes no es incluir diversidad de temas; salir a bailar todos los fines de semana aunque sea a lugares diferentes no es divertirse de muchas maneras o probar nuevas maneras de divertirse; comer siempre lo mismo aunque sea en restaurantes diferentes no es probar muchas cosas… y como eso hay infinidad de situaciones.

Esto no significa que sea necesario o particularmente sano vivir haciendo absolutamente todo diferente todos los días. Necesitamos estructuras en hábitos y también es válido que algo nos guste tanto que queramos repetirlo muchas veces, pero ¿genuinamente no podría eso que tanto nos gusta también evolucionar o permitir combinarse con otras novedades?

En los vínculos personales esto es importante porque se convierte en sangre nueva para la relación, sin importar la que sea. Hay más cosas de qué conversar con personas que constantemente tienen experiencias nuevas mientras que se aburrido y poco estimulante conversar con personas que repiten las mismas cosas y situaciones una y otra vez. Nos dan ganas de ir a los museos más veces cuando sabemos que con alguna frecuencia tienen exhibiciones nuevas y nos interesan menos esos que siempre muestran lo mismo, y esos que siempre muestran lo mismo muchas veces los dejamos para después porque de todos modos sabemos que no van a cambiar y entonces no nos producen la estimulación del sentido de urgencia.

Por otra parte, lo novedoso a nivel individual tiene una relación muy importante con la autoconciencia dado que nos hace pensar y reflexionar sobre lo que nos produce como motivación, miedo, entusiasmo, excitación o cualquier otra cosa exponernos a experiencias diferentes. Estancarnos en lo que he llamado la mismidad (o sea, siempre lo mismo) nos hace seres perezosos en la auto-observación y tampoco suma al autocuidado, con lo que tampoco sumamos a formar vínculos más satisfactorios. Todo se estanca y eventualmente languidece, palidece y muere. ¿O no es lo que pasa con el agua estancada?

Conclusiones

Coordinar la autoconciencia, autocuidado, mutualidad y novedad en nuestros vínculos, comenzando con nosotrxs mismxs no es una tarea fácil así como tampoco es fácil mantener estos cuatro pilares a tope todo el tiempo.

Definitivamente es un reto, pero tenerlos presentes y en constante movimiento sin duda nos ayuda a construir relaciones y vínculos que nos aportan más, que nos cobijan de mejor manera y donde podemos crecer conjuntamente para continuar evolucionando compartiendo bienestar y no al tener vínculos utilitarios donde las incomplitudes de una parte sean extraídas de los demás o al relacionarse desde necesitarse porque se ha llegado a un punto de simbiosis dependiente.

Green MBA + #CreativeProblemSolving Consultant. Focused on Business Strategy for Digital, Social and Environmental transformation. Founder of @LifeStrategics.

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