Las cadenas del sufrimiento: No resolver los traumas personales nos intoxica e intoxica lo que nos rodea

Todas las personas tenemos algún tipo de equipaje emocional: una vieja herida, una experiencia traumática, una relación difícil. El pasado no es sólo un conjunto de situaciones que ocurrieron; en muchos casos el pasado es parte de quiénes hemos sido o somos. Pero, ¿es algo que debería definir quiénes seremos en lo futuro?

Muchas de nuestras experiencias pasadas pueden perseguirnos en muchos sentidos y dimensiones. Pueden además afectar nuestro estado de ánimo, nuestras aspiraciones personales, y por supuesto afectar nuestros vínculos interpersonales. El impacto negativo de los traumas del pasado no resueltos puede propagarse como un virus de un área de la vida a otra. Por si fuera poco, esos traumas pueden convertirse en parte de largas y dañinas cadenas de sufrimiento para nuestra propia persona y quienes nos rodean.

Aprender a identificar nuestros puntos frágiles a nivel emocional y las maneras en las que hemos aprendido a sobrellevar nuestros traumas es parte de la responsabilidad personal. Tomar acciones para evitar replicar y propagar las cadenas de sufrimiento es una faceta de la responsabilidad afectiva para nuestra propia persona y hacia las demás personas.

La cadena de la culpa

La culpa es el sentimiento de haber hecho algo malo, que a su vez está relacionado con la concepción de “el bien y el mal”. En algunas culturas el concepto de culpa no existe y únicamente se habla de responsabilidades tomadas o no tomadas.

Es común que ejercer lo que se califica como una mala acción genere una reacción que se entiende como culpa. Se trata entonces de un mecanismo de autoregulación orientado a lo que se considera correcto o incorrecto, y tiene que ver con las reglas sociales en cuestión. En el lado útil de la culpa, o conciencia de responsabilidad, haber actuado de manera desfavorable puede convertirse en un estímulo para un cambio positivo en el futuro. Sin embargo, cuando la culpa o manejo de la responsabilidad no se resuelve, se convierte en una cadena que nos ata al pasado, nos arrastra a la miseria y nos puede hacer perder el interés por el futuro.

Cuando no nos ocupamos de la culpa, se convierte en una carga pesada y destructiva. Podemos sentirnos culpables porque hemos cometido un error, cuando hemos herido a alguien o hemos roto una promesa. Por supuesto, también puede surgir por no haber actuado de forma ética y estar conscientes de ello aunque queramos o podamos justificarlo racionalmente. Es común que también quienes han sufrido abusos y abandono en la infancia puedan sentirse culpables por su propia existencia; peor aún si ese sentimiento de culpa se combina con vergüenza, resentimiento o impulso de venganza de manera explícita o sutil.

La cadena de la vergüenza

La vergüenza es el sentimiento de ser una persona defectuosa y poco digna de recibir afecto de otras personas. Surge de la evaluación negativa y de las críticas interiorizadas recibidas a lo largo de la infancia o en periodos críticos para el desarrollo de nuestra autoestima.

Podemos sentir vergüenza por nuestra raza, género u orientación sexual; por nuestra apariencia o habilidades físicas; o estatus social, entre muchas otras cosas.

La vergüenza también puede surgir de nuestros sentimientos, deseos y pensamientos. Podemos sentir esta emoción porque estamos en algún estado de depresión, enfado o ansiedad. Podemos sentir vergüenza por cosas que hemos hecho (como un comportamiento sexual no aceptado socialmente) o por cosas que nos han hecho otras personas(como el abuso emocional o sexual). Es en numerosas ocasiones este último punto lo que más daño hace en situaciones de revictimización.

La vergüenza puede convertirse en una cadena que nos ata al pasado e interfiere en nuestra capacidad para vivir el presente y crear un futuro positivo. Puede llevar al aislamiento y retraimiento, y cuando se vuelve crónica puede ser más incapacitante que otras emociones.

La cadena de la obligación

Cuando nos sentimos obligados a hacer algo o a ser alguien que no sentimos que somos, perdemos nuestra autonomía y hasta cierto punto una parte de nuestra libertad. Cuando algo o alguien impide que digamos “no”, especialmente por una imposición o manipulación grave, no somos plenamente quienes somos y faltamos a nuestra autenticidad.

Podemos sentirnos obligados a nuestra familia, nuestra religión, nuestra cultura o incluso al pasado. Podemos sentirnos obligados con otras personas en ámbitos personales, románticos, sexuales, profesionales, y en otras esferas. Lamentablemente esto es común cuando existe algún tipo de desbalance en las relaciones donde alguien tiene o forza el ejercicio de poder por encima de la otra persona para someterle… u obligarle.

Podemos sentirnos obligados a cumplir con un rol o un papel, a aceptar condiciones que no queremos en una relación de cualquier tipo. Lo mismo puede suceder con trabajos, actividades, actividades y mucho más. Por supuesto están las situaciones en las que nos sentimos en la obligación de tolerar una conducta desagradable, escuchar las sobre explicaciones de alguien o simplemente podemos sentirnos en la obligación de tener paciencia o de esperar prolongadamente.

El correcto y suficiente ejercicio del establecimiento de límites sanos para con otras personas comienza como una claridad personal sobre lo que nos resulta negociable e innegociable. Recordemos también que la convivencia sana muchas veces radica en el respeto mutuo de las partes involucradas. En numerosas ocasiones la libertad desmedida y egoista de una parte se convierte en una imposición para la otra. Si se da el caso donde el respeto mutuo de los límites no es viable, resulta más conveniente la separación y alejamiento.

La cadena del odio a hacia la propia persona

Cuando nos rechazamos u odiamos, malamente nos achacamos muchas de las cosas malas que nos ocurren. Nos culpamos de nuestros sentimientos y pensamientos negativos. El autorechazo y el odio Sí mismx genera ciclos crecientes de desesperanza y pesimismo sobre el futuro. También nos hace sentir que no merecemos amor ni felicidad porque no creemos que lo merezcamos. Incluso hay situaciones en las que podríamos llegar a sabotear las oportunidades de recibir afecto como parte de una profecía auto cumplida.

El rechazo y odio propio puede surgir de la culpa, la vergüenza y la obligación. También puede surgir de una evaluación negativa de los propios rasgos, sentimientos o pensamientos, es decir, de quiénes somos.

Es importante ver y comprender que el rechazo u odio propio no es sólo un sentimiento: también es un comportamiento autodestructivo. Las personas en esta situación suelen maltratarse de alguna manera. Pueden abusar de las drogas o del alcohol, o de su cuerpo y salud con conductas nocivas, encontrar maneras explícitas o sutiles de destruir sus vínculos interpersonales, destruir sus propios logros... Existen infinidad de conducta compulsivas y auto degenerativas.

La cadena de la venganza

Cuando sentimos que alguien nos ha perjudicado o maltratado podemos sentir el impulso de vengarnos y tomar represalias. En algunos casos esto también aparece a partir del resentimiento acumulado a partir de recurrentes experiencias donde se ha percibido injusticia, maltrato, abuso y negligencia por parte de otras personas o grupos sociales.

El deseo de venganza es una cadena nociva que puede destruir las relaciones e impedirnos avanzar hacia un futuro positivo. Hace que nos centremos en el daño que hemos experimentado en lugar de enfocarnos en el futuro, más allá de lo ocurrido en el pasado.

Esto no significa que debamos hacer caso omiso de nuestras emociones y experiencias, especialmente si las hemos vivido como dolorosas o traumáticas. Significa que tenemos la oportunidad de aceptar nuestras experiencias y cómo nos hemos sentido, validar esas emociones y buscar procesarlas. Es posible (no necesariamente fácil) dar sentido a los traumas y encontrar la manera de seguir con nuestras vidas sin que el pasado tenga que definirnos para siempre.

Es común que las personas alberguen deseos de venganza tras haber experimentado algún tipo de maltrato o abuso, especialmente cuando ha sido muy dañino para su persona y autoestima. Al mismo tiempo, mantener y realimentar ese sentimiento es una elección personal.

Es posible romper las cadenas de sufrimiento…

Recordemos a Viktor Frankl, padre de la Logoterapia. Frankl dijo: “Las circunstancias externas pueden despojarnos de todo, menos de una cosa: la libertad de elegir cómo responder a esas circunstancias”.

El primer paso para romper las cadenas del sufrimiento es tomar conciencia de ellas y aún si resulta difícil, descubrir en qué momento de nuestra vida se generaron. Esta identificación así como el deseo de confrontar y superar el trauma es una motivación que debe venir de nuestro interior.

Es comprensible que en más de un caso, la persona no desee explorar y mucho menos trabajar situaciones que pueden haberle producido tanto dolor y trauma. Sin embargo, no hacerlo puede reflejarse en muchas áreas de nuestra vida y dañar significativamente nuestras relaciones interpersonales.

Romper las cadenas del sufrimiento es difícil pero posible. Implica mucho trabajo emocional, compromiso genuino hacia un cambio de comportamiento y sobre todo mucha autocompasión (que ciertamente no es tenerse lástima).

Ninguna de las situaciones desfavorables que vivimos deberían coartar nuestro potencial, y aunque es muy difícil superar muchas cosas, está en nuestra persona darnos algo diferente que le dé sentido a nuestra existencia.

Una llave de oro para liberarnos de las cadenas del sufrimiento es el perdón propio, y evitar convertir las situaciones desfavorables por las que hemos atravesado en nuestra identidad. El gravísimo peligro de convertir nuestros dolores y traumas en nuestra identidad es que eventualmente ni siquiera haremos algo para salir adelante por el solo hecho de que tal vez ya no sabríamos ser algo diferente a alguien que vive en un permanente sufrimiento. Ya no sabríamos vivir de otra manera que en sufrimiento y encontrando o generando situaciones de incomodidad y sufrimiento a otras personas para no vivirlo en soledad.

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Green MBA + #CreativeProblemSolving Consultant. Focused on Business Strategy for Digital, Social and Environmental transformation. Founder of @LifeStrategics.

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Mónica De Salazar

Green MBA + #CreativeProblemSolving Consultant. Focused on Business Strategy for Digital, Social and Environmental transformation. Founder of @LifeStrategics.